viernes, 3 de octubre de 2014

La princesa y el mar ¿Hasta dónde serías capaz de viajar por tu caja?

Érase una vez, una princesa en un reino muy lejano. Todos los habitantes del reino la querían, porque era buena con ellos, inteligente, guapa, caritativa con quien lo necesite, ayudaba a los habitantes del reino para que crean en si mismos y luchaba por la igualdad, por tal motivo, aunque ella pertenecía a la familia real, no se sentía más que nadie, justamente eso es lo que la hacia especial de cara al resto. 
La princesa al ser correspondida y comprendida por los habitantes del reino, se sentía completamente feliz. No necesitaba nada más, tenía todo para ser feliz. Grandes y preciosos jardines que le regalaban las flores más lindas del mundo, manantiales de agua cristalina en donde se podía refrescar cuando ella quería. Bosques enormes que le invitaban a adentrase en los sitios más increíbles para meditar y encontrarse consigo misma. 
Era conocida en el reino como una persona muy equilibrada emocionalmente, y que transmitía buenas vibraciones allí donde estuviera. Una persona llena de amor y paz. 

Un día, la reina llama a la princesa porque necesitaba que le haga un favor muy importante. La princesa acude sin dudarlo, ya que la reina siempre fue un referente para ella y con quien tiene una relación que va mucho más allá de ser cordial, es una relación increíble desde lo espiritual, ya que la reina siempre le había dejado volar, y a su vez siempre estuvo abierta a que la princesa le enseñe diferentes aspectos de la vida, que por la diferencia generacional no había podido vivir. 
Una vez que la princesa acude a petición de la reina, llega a la sala principal del castillo y ve a su madre. 

—Siéntate — dice la reina. 
—¿Quieres un té?
—Se lo agradecería, alteza —dice la princesa. 
—Te he llamado porque necesito que me hagas un gran favor. 
—Lo que usted quiera— responde la princesa. 

La princesa sabía que todas las tareas que la reina le pedía, siempre le dejaban una enseñanza, por este motivo no dudó en aceptar. 

—Necesito que vayas a un reino que se encuentra a unos dos días de aquí, a buscar un paquete que es muy importante para mi— dice la reina. 
—¡Pero yo nunca he salido de aquí! ¡Aquí siempre he sido feliz!— responde la princesa. 
—No te preocupes, estarás bien, los guardias te acompañarán en todo momento, es sólo recoger el paquete y volver. 

Finalmente, aunque le da miedo, la princesa acepta, porque sabe que las emociones o sensaciones que tendrá con el viaje, superarán el miedo, aunque experimenta una sensación que nunca antes había tenido, y era la culpabilidad de dejar su reino durante los días de la expedición. 

Al otro día la princesa empieza su viaje, en un carruaje real, tirado por varios pura sangre y rodeada de guardias que la protegían de los posibles maleantes. 
Todos los paisajes y sensaciones que tenía eran nuevos para ella, ya que era feliz en su reino sin necesidad de conocer todo lo que había fuera, no necesitaba conocerlo, porque ya poseía, según su visión, todo lo que necesitaba para ser feliz. 
Luego de dos días de viaje, finalmente llega a destino. Un reino en la costa del mar, con paisajes que nunca había visto, su reino estaba en plena montaña, por lo que el olor del mar y los barcos de carga eran nuevos para ella. Estaba impresionada con la hermosura de ese nuevo reino, aunque lo disfrutaba como algo puntual, ya que en el fondo ansiaba volver a su reino. 
Al preguntar, según las indicaciones de la reina, por el paquete, algunas personas del lugar le dijeron que tenía que cruzar a la isla de enfrente en una embarcación. 

—¿Qué!?— dice la princesa con miedo. 
—Nunca he navegado en nada semejante. 
—No se preocupe— le dijeron. 

El reino del mar.
Al llegar al puerto en dónde se encontraba la embarcación, le indican a la princesa a donde tiene que dirigirse exactamente, un velero en donde viajará con 8 personas más que también necesitan cruzar a la isla. 
Cualquier persona de la nobleza se hubiera negado, ya que no estaba bien visto que la realeza se mezcle con plebeyos, pero esta princesa era diferente, justamente por eso se ganaba el cariño de los habitantes de su reino, así que aceptó subir y navegar con el resto. 
Las primeras horas de viaje no prestó mucha atención al resto de la tripulación, porque ella no estaba allí para conocer gente, su principal misión era encontrar la caja que la reina necesitaba y volver al reino en donde tenía todo para ser feliz, y de echo lo era. 

Aunque en un momento de distracción se fijó en un hombre que la acompañaba, le llamaba mucho la atención el color de sus ojos, en algún momento celestes como el cielo y en otros azules como el mar que los rodeaba. Aunque su mirada era lo que más la tenía cautiva. Sin darse cuenta, se olvidó del resto de la tripulación y de la caja para la reina, sólo lo veía a él y disfrutaba de su compañía. Fueron días mágicos para ambos, el tiempo parecía que estaba detenido cuando estaban juntos. Sentían la necesidad de buscarse en todo momento, inconscientemente una fuerza los acercaba, y en muchos momentos, sin darse cuenta terminaban tocándose y sentándose uno al lado del otro. Tanto la princesa como aquel hombre coincidían en que la conexión entre ambos superaba a cualquier otra sensación experimentada antes, estaban totalmente descolocados. Porque ambos ya eran felices en sus respectivos reinos, pero esta sensación era la que en muchas ocasiones habían oído comentar sobre las almas gemelas

—¡Pero pronto tengo que volver! ¡No puedo dejar a los habitantes de mi reino más tiempo solos!— pensaba la princesa. 

Empezó a experimentar un sentimiento de culpa que la atormentaba, pero que a su vez, el amor que crecía en su interior venía arrasando cualquier otro tipo de sentimiento. Era algo que no tenía explicación, la conexión con ese hombre estaba fuera de cualquier otra que había podido experimentar antes en su vida. Y crecía aún más cuando sabía que al hombre le estaba pasando exactamente lo mismo con ella. 
En el momento que el amor superó el sentido de culpa, decidió sin ningún tipo de duda, que quería a ese hombre en su vida, independientemente de la diferencia de clase social, distancia, reino o lo que fuese. 
Pero por otra parte, sabía que tenía que volver a su vida, porque tenía una responsabilidad con la reina y con los habitantes del reino que había dejado atrás. 

Al cabo de varios días de navegación, y de experimentar maravillosos momentos con aquel hombre, finalmente consigue la caja y llega el momento de partir de vuelta a casa. Se hizo muy duro, ya que allí sabía que dejaría una parte de su corazón con aquel hombre, pero la princesa no tenía ningún motivo para dejar su reino, ya que siempre le había parecido perfecto. 

En ese momento la princesa tomó una decisión, le dijo al hombre que se había enamorado de todo su ser, y sentía que eran almas gemelas, pero que tenía que volver a su reino para canalizar sus sentimientos, echarlos a un lado temporalmente. Porque si bien sentía amor por él, también le gustaba la vida que tenía en su reino y quería a los habitantes que la hacían feliz. Por eso llegaron a un acuerdo, en el cual sabrían cosas uno del otro pero no podrían transmitir ningún tipo de sentimiento que se pueda interpretar como amor, porque eso no ayudaría a la princesa ni al hombre.  

Luego de unos días la princesa llega nuevamente a su reino con la caja que la reina le había pedido. 

—Buenos días alteza— dice la princesa. 
—Aquí le traigo la caja que me pidió. 
—Muchas gracias hija mía— respondió la reina. 
—Puedes abrirla. 
—¿Segura?— dice la princesa. 
—Si, segura. 

Para sorpresa de la princesa, al abrirla, la caja estaba vacía. 

—¡Pero que es esto!—dijo la princesa. 
—¡Tanto viaje para nada! 
—No te enfades, hija mía— le respondió la reina. 
—La caja no es el motivo principal de tu viaje. 
La caja representa a tu corazón.  
—Tú aquí siempre has sido feliz, has tenido todo lo necesario, y la gente siempre te ha querido, nunca has visto otros reinos, la visión del amor y la felicidad que tenías era correcta, pero no era la única. Porque no habías experimentado emociones diferentes fuera de este reino, por eso quise que vueles lejos y descubras otros reinos y otras sensaciones y sentimientos. Y la caja, tu corazón, te ayude en esos momentos de duda. 

Con esto la reina logra que la princesa tenga una reflexión profunda, y entienda, que este pedido de su madre, al igual que otros, ha sido para transmitirle una enseñanza. 

—Lo que me gustaría ahora es que salgas al balcón y saludes a los habitantes de tu reino, que te han echado de menos todo este tiempo que los dejaste solos.— comenta la reina.

Al salir la princesa al balcón, los habitantes empezaron a decirle que por qué se había ido tantos días si ellos la quieren, que no merecían que los dejase solos, y que si quiere irse del reino les gustaría ser los primeros en saberlo. 
Esto no hizo más que aumentar el sentimiento de culpabilidad de la princesa. 

—¡Como los voy a dejar solos!— pensaba la princesa. 
—Soy una egoísta, pensando sólo en mí, cuando ellos me quieren y yo también los quiero. ¡No se merecen que les haga esto!

En ese instante la culpa supero el amor que tenía por aquel hombre, pero era una lucha interna que tenía diariamente, ya que la culpa vivía en su mente, y el amor en su corazón. 
El hombre nunca dejo de respetar su decisión, le hizo ver que no dejaría de conquistar su corazón y de demostrarle todo lo que la quería. Todos los días. 
Ella por momentos estaba segura de poder tolerarlo, pero por momentos, creía que ese sentimiento era horrible y que aunque quería a los habitantes del reino, el amor por ese hombre era tan fuerte que le quemaba por dentro.

Desde ese momento el hombre le hizo llegar todos los días una historia de amor con un mensajero, para que ella supiera que no estaba sola, y que él nunca dejará de quererla. Respetando las decisiones que ella tome, porque de esa forma ella sería feliz, y él también al saber que ella lo era. 

Y en cada historia nueva que le enviaba, el hombre escribía en el sobre lo siguiente: 

"Cuando hay amor la distancia y el tiempo no importa, lo que importa es cuanto estas dispuesto a soportar su ausencia para esperar su presencia."

"Hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que solo un iluso seguiría insistiendo. Pero lo cierto es que siempre he sido un iluso". 

La princesa lo pasó muy mal los primeros días, sentía que se le venía el mundo encima, no dejaba de tener la sensación de querer llorar, no le gustaba nada tener ese sentimiento. 

Pero dentro de sus dudas, había una seguridad, y no era otra que querer permanecer en su reino, con quien la quiere, con los que ella quiere y los que no se merecen su crueldad. Le había costado mucho llegar a este punto, lo que había construido hasta el momento era muy bonito y no quería romperlo por un sentimiento nuevo. La caja vacía que su madre le pidió, le enseñó mucho, le cambió el corazón, pero en su reino ya tenía una caja, y no estaba vacía, estaba llena con todo lo que había ido juntando en los últimos tiempos, todo lo que los habitantes del reino le fueron regalando. 

Del aquel hombre nunca se supo que fue, tal como le prometió, le hizo llegar cuentos de amor durante mucho tiempo, pero nunca más se supo que fue de su vida. 

La vida le contó esta historia a la princesa, nunca supo por qué, pero lo que sí supo, es que nunca más volvió a ser la misma. 

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